No te confundas cuando me veas llorar por no tenerte a mi lado. La perfecta melancolía de no poder disfrutarte me hace añorar viejos tiempos. Pero no es a tu persona a la que extraño. Siento angustia por mis propios dolores. Todos sabemos que no es satisfactorio estar solos. Cuando nos invade la nostalgia y no podemos salir del pozo infinito en el que nos hunde la tristeza, buscamos algo con que justificar tanta pérdida de lagrimas. Tu persona es mi justificación. Te recuerdo, mi causa. Quizás sea que me dan más pena mi incompetencia y mis fracrasos, la razón por la que intento echarte la culpa. Sé que soy más fuerte de lo que aparento y que tu olvido no puede lastimarme. No porque no seas importante. No porque no te haya querido, sino porque mi personalidad (llamalo egocentrismo, llamalo egoísmo) no permitiría que causaras tantas derrotas.
Por ésto es que te digo que no te sientas un triunfador cuando veas que, en un rincón, te estoy sufriendo. Tanto vos como yo somos dos perdedores de una cruda realidad, vencidos por el más temible de los enemigos: el miedo.
Y yo lo sé.
Y tu lo entiendes.
Quizás, por primera vez, me estoy animando a darme cuenta de la verdad que encierran mis sentimientos.
Tal vez, sólo sea una forma más de querer superarte, una manera de esconderte mi cariño y mostrarte la grandeza de mi orgullo.
1 comentario:
Soledad: todos escribimos sobre la soledad... y a la vez nadie escribió jamás sobre este tema.
De alguna manera, cada palabra es una aporta una lágrima nueva al conjunto del llanto de la humanidad. Y esa lágrima es bella en si misma, sin dejar de ser triste.
Y si hay un hermitaño que prefiere la soledad al amor, y la grandeza antes que la compañía, por qué tratar de disuadirlo? Acaso no es bella la idea de sufrir por el arte? Otros detestan a la soledad porque, seamos sinceros, a veces duele. Pero del dolor siempre salen las mejores canciones. Y bueno, tal vez algunos de nosotros seamos lisa y llanamente masoquistas.
Publicar un comentario