Te quiero entre versos imperfectos,
en noches de sobredosis con y sin justificación,
en alguna plaza olvidada,
sin razón, ni pretexto;
perdida en alguna canción que te representa,
o en algún libro de poemas que nunca vas a terminar de leer.
Te quiero aún cuando la soledad te detesta,
y, mucho más, cuando entre errores deseados
te encuentro por casualidad.
Te quiero en esas pequeñeses
que la vida me regala;
una foto,
una pausa momentánea que te trae de nuevo,
un blog que lleva tus marcas,
esa duda pasajera que se atreve a extrañarte.
Hasta quiero cada una de las heridas
que tu paso dejó en los rincones;
toda lágrima resignada
a tus partidas constantes.
No pienses que no siento un cariño especial
por cada noche estropeada
por la fuerza de tus miedos.
También ellos construyeron esta cicatriz que te pertenece.
¿Cómo no añorar aquellos besos apasionados,
los abrazos sin culpas ni terceros,
las cervezas que, con picardía,
nos mostraban que aún era tiempo?
A pesar de las miles de huellas destructivas,
del orgullo,
del fracaso,
dejame decirte, corazón,
que si bien decidimos esta ausencia equivocada,
aquellas presencias no se igualan,
ni se pierden, ni se matan.
Están grabadas, cual marca registrada,
definiendo ese antes y después
de conocernos.
Quizás las madrugadas nos junten de nuevo
y nos demos cuenta
que no existen excusas,
ni miedos, ni terceros,
ni orgullo, ni fracasos,
ni heridas, ni distancias,
que sean capaces de apagar
este amor que hoy agoniza.