domingo, enero 20, 2008

(no) pregunta

Pregúntale al desconsuelo
por qué sabe tu nombre;
a la tristeza,
por qué lleva tus marcas;
a la resignación pídele que te cuente
cómo te sacó de su cama.
A la indiferencia pregúntale cómo hace
para mirarte a los ojos con la cabeza en alto;
a los sueños,
por qué han elegido rendirse ante las pesadillas;
al tiempo,
a dónde va con esa prisa tan repentina y atolondrada.
A la soledad debes preguntarle
la razón que la llevó a aceptar tu ausencia;
al dolor que trae aparejado el recuerdo de los momentos que vivimos juntos,
en qué brazos, en qué labios, en cuántas copas
encuentra alivio, un poco de calma equivocada.
Al olvido dile que te explique por qué le encanta equivocarse
y por qué cuando debería hacerlo, no elige ese camino;
al orgullo,
de dónde saca tanta fuerza;
al deseo,
dónde encuentra la magia;
a la duda,
sus debilidades más profundas.
Pregunta todo aquello que te atormenta,
sé que necesitas, tanto como yo lo necesité,
un verídico argumento que te deje conforme ante este destino que nos separa;
más nunca me preguntes, corazón,
si te sigo amando.