escribirte una historia llena de magia que te hiciera soñar conmigo,
decirte al oído lo que jamás te hayan dicho.
Me gustaría tanto poder hacerte descubrir el paraíso con un beso,
echarte a volar con una sobredosis de caricias infinitas,
que sientas en mis brazos la felicidad de empezar juntos un nuevo día.
Deseo enormemente hacer que me entiendas con sólo mirarme,
que descubramos lo fantástico que es disfrutar el silencio,
pasar horas y horas recostados en la cama sin más preocupación que perdernos en miles de abrazos.
Podría hacer cualquier cosa con tal de sacarte una sonrisa,
un chiste gracioso, una caída tonta, un viaje a la luna, cantar tu risa me da risa;
lo que sea que me pidas, lo haría.
Creeme que no dudaría en darte cada uno de mis instantes,
mis fantasías;
serías el dueño de todos mis planes a futuro,
de cada momento presente;
responsable y fuente de mi inspiración y mis locuras,
tutor único de mis pensamientos,
protagonista de todos mis sueños,
propietario absoluto de mis deseos,
guía de mi destino,
causa y consecuencia de mis alegrías,
mi mejor obra,
mi más preciado logro.
Mi vida sería tu sombra,
mi corazón, tu tesoro.
Mi alma, esa pequeña caja de cristal que sólo a ti podrá pertenecerte,
mi amor, tuyo para siempre.
¿Qué, qué no te daría yo?
Ahora bien...
¿podrías enamorarte de mi?