
Pasó otro año más, y yo sigo deseando volver a jugarte un partidito de chinchón, que volvamos a sentarnos en nustro banquito y le robemos caramelos a la tía.
Ya pasaron dos, y todavía esperaba tu llamado el 22.
Pero creéme que seguiré pensándote así, manteniéndote vivo con cada recuerdo.
Bolivar no es lo mismo sin vos.
Nada es lo mismo.
Te adoro, tiíto mío.
Siempre.