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“¿Estoy enamorado? –Sí, porque espero.” El otro, él, no espera nunca. A
veces, quiero jugar al que no espera; intento ocuparme de otras cosas,
de llegar con retraso; pero siempre pierdo a este juego: cualquier cosa
que haga, me encuentro ocioso, exacto, es decir, adelantado. La
identidad fatal del enamorado no es otra más que ésta: yo soy el que espera.
