martes, abril 25, 2006

.Así.

Hoy te escribiría todo un poema que te hicera reconocerme. Pero las palabras se asustan cuando las miradas paralizan las almas.
Podría abrazarte fuerte para demostrarte que te extraño. Pero mis brazos ya no te alcanzan y mis sentimientos son confusos.
Tal vez, te invitaría a caminar. Simplemente caminar. Pero las calles ya no saben dónde deben ir, los pasos temen perderse antes de llegar.
¿Sería mejor que te mirara fijamente a los ojos para que puedas descubrir el misterio que esconden? Es una lástima, pero ninguno de los es capaz, ya, de ver más allá.
Las pequeñas cosas que manteníamos inmóviles , que creíamos eternas se esfuman con el tiempo, y desaparecen por completo. Poco a poco vamos notando que la distancia que ayer era un beso, hoy es un llamado por teléfono, y mañana será un saludo.
Posiblente, desahoguemos nuestras dudas en una infinidad de frases sin sentido. Pero nunca podremos explicarnos cómo hubiese sido proteger nuestro castillo de cristal.
Los planteos y los perdones juegan el mismo papel: nos son indiferentes.
Probablemente cruzaremos nuestros cuerpos varias veces más. Pero ya no nos reconocermos.
¿Oíste hablar de seres extraños?


Quisiera poder regalarte una luz.
Me encantaría verte brillar.

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