Podría decir que hoy es un día común.
Común, como cualquier otro.
Que las horas pasan normalmente, sin ninguna alteración acelerada.
Que la rutina acostumbrada cumple perfectamente su función.
Podría omitir ese sueño extraño, esa playa conocida, la frase nunca dicha (o dicha a destiempo), ese beso olvidado en algún verano pasajero.
Evitar tener en cuenta la absurda esperanza de levantarme a tu lado el día de la fecha, con un desayuno improvisado, de esos que podés reconocer.
Ahogar la idea de ser la primera, como en aquella madrugada, que nos recuerda juntos.
Mutilar el deseo inútil de pensarte más de lo debido.
No prestarle importancia a las perseverantes cenizas que anhelan hacer del pasado algo más que triste polvo.
Resistir, hoy más que nunca, ante el pensamiento inquieto que juegue a revivir aquellos momentos de cinco te quieros.
Presente, golpes, cambios, ausencias.
Mantener intacto el adiós definitivo, sin ganas atrevidas de un todavía.
Y creer que hoy es un día como cualquier otro, y dedicarte simplemente un cordial saludo.
Los dos, lo sabemos muy bien.