lunes, julio 02, 2007

liberación.

Una y mil veces me juré
no volver a llorarte.
Una y mil veces prometí
no extrañarte de nuevo.
En una y mil bocas busqué
desafiar al deseo.
En uno y mil versos escribí
sepultarte en el olvido.
Sin embargo
volví a llorarte en cada rincón
te extrañé toda madrugada
te deseé en cada uno de los besos equivocados
y entendí la fuerza del recuerdo.
Y erramos otra vez,
te dejé ser
y me dejé caer,
inconsciente,
en el misterio de un te quiero
en la incertidumbre de un futuro
en la duda de un todavía.
Pero, ilusa,
no me di cuenta
que hay un momento donde se pasa el límite tolerable
que ya no es cuestión de ganas o cariño
que los sentimientos se transforman
y el amor cambia de lugar.
Hoy estamos perdidos
en la imperfecta soledad
de tenernos y no,
en la cruda agonía de matar
esta historia lentamente
con cada punto suspensivo.
Hoy ya no quiero atarte a ningún
presente irreal
ni retenerte con alguna esperanza inexistente.
La chispa que encendía tanto amor
dejará de arder,
en nuevos brazos y nuevos sueños.
Con las cenizas,
después pensaremos qué hacer.
Este corazón te concede la libertad.