jueves, septiembre 20, 2007

dos días en la vida...

dos días en la vida nunca vienen nada mal...
salvo cuando a mi se me ocurre cruzarme de nuevo en su camino para recordarle nuestros momentos
evidentemente el destino no quizo el encuentro en un viernes lluvioso. qué hubiera pasado si me chocaba con la mirada que fue capaz de atraparlo tanto en aquel verano que comenzaba a morir?
y qué si esa noche de exceso de alcohol dejaba todo de lado y le daba una oportunidad más a los cinco te quieros desaparecidos por equivocación?
de alguna forma de eso se trata vivir
de los errores se aprende y a los fracasos se los supera
los números se borran para evitar posibles sorpresas no deseadas. aceptar que en otros brazos encuentra el calor que lo hace feliz es el primer paso para un borrón y cuenta nueva
si la cicatriz es la resignación de la herida, es necesario sanar
no existe el olvido, mi amor
pero estoy tratando de quedarme con lo mejor de lo peor, que siempre es la salida más acertada
(aunque no sé si es la que más me atrae)
si hicimos las cosas mal en su momento, cuando la vida nos reúna de nuevo en un par de años (sabemos que va a pesar, deseamos que pase) no hará falta un perdón, una explicación, nisiquiera una excusa. será necesario únicamente el te quiero que nos debemos para empezar la historia que nos falta. mientras tanto, no voy a preocuparme si el presente nos despierta en camas distintas. yo espero, con ansias espero, ese futuro sin tiempo preciso pero con la certeza de que sucederá. ahora seguiremos como solemos hacerlo en nuestros encuentros casuales, hablaremos como viejos conocidos sobre Sabina querido, nos reíremos como dos buenos amigos que comparten un par de cervezas cómplices de esa mirada particular que nos distingue y nos reconoce
dos días en la vida nunca vienen nada mal
dos días pueden cambiar tantas cosas, es mucho lo que pueden cambiar las cosas
matar una esperanza, enterrar un pasado, destruir la confianza, agotar el afecto
intentar salir de esa cruda soledad, buscar ganas de un nuevo comienzo
ganar y perder
perder todo en dos días
conseguir aquello que no pensaba realizable
perder perder. yo, su amor. él, mi sueño.
y si me pongo a pensar, dos días es realmente poco para acabar con ese cariño que creíamos (o que creía) inmenso. dos días, cuarenta y ocho horas, dos madrugadas. quizás lo que estoy negada a aceptar es que no fueron sólo dos días, sino, algunos más, unos cuantos más. evidentemente, hubo un quiebre entre jazmines y rosas
pero, si pasó, era porque tenía que pasar. yo elegí, en parte, que así fuera. yo elegí en parte...pero él eligió también. y sus encantos pudieron más que cualquier intento de volver, de rescatar lo que estaba agonizando. no lo culpo, no. en su lugar, también me hubiera quedado con aquellas primaveras
qué tan fuerte habrá sido el sentimiento que le provocó tenerla en sus brazos para que dos días fueran suficientes?
una ventaja para valorar, mientras él abandonaba nuestro recuerdo, yo aprendí que nada puede sorprenderme demasiado
y más idiotas fuimos, no por no saber amar, sino por pensar que no podíamos hacerlo. inútil importancia a fantasmas antiguos
don't cry because it's over. smile because it happened
ingenuo consuelo de las almas conformistas
a pesar de todo, esta vez, considero que estamos preparados para la despedida.