lunes, septiembre 03, 2007

tres (3).

03.

Muchos lo dijeron y el maestro Quevedo lo dijo, como casi siempre, mejor: "Ayer se fue, mañana no ha llegado,/ hoy se está yendo sin parar un punto:/ soy un fue y un será y un es cansado". Desde siempre, los tres tiempos conviven en el tiempo: pasado, presente, futuro. El tres es, para nuestra desgracia, la cifra de la desesperanza.
El 3 es, en el tiempo, la conciencia de que todo se nos escapa sin parar. Aunque no sepamos bien qué es el tiempo, y San Agustín nos haya enseñado a ignorarlo mejor: "¿Así pues, ¿qué es el tiempo? Si nadie me lo pregunta, lo sé; si deseo explicárselo a quien me lo pregunta, no lo sé".
Muchos han intentado definirlo y nunca terminó de quedar claro. No es cierto que sea oro, ni que sea tirano, ni que se pueda ganarlo ni perderlo, ni que siempre en el pasado fue mejor, aunque parezca. El Diccionario de la Real Academia trata de sintetizar una respuesta -"duración de las cosas sujetas a mudanza"- y sólo consigue aumentar la languidez: decir que el tiempo importa para las cosas sujetas a mudanza equivale a recordar una vez más nuestra condición finita, mortal. El tiempo es, entre otras cosas, la materia de la cual está hecha la melancolía. Y algunos, como Carlo Montana, extreman este dato: "El futuro es temor, el pasado remordimiento. El presente es el espacio en que ambos, temor y remordimiento, tienen lugar".
- ¿Por qué no te matás, hermano, de una vez?
- ¿Cuándo, me dice usted, disculpe? ¿Ahora, dice usted? ¿Cómo sería ese ahora?
"El presente es el espacio en que ambos tienen lugar", dice Montana, y la definición intenta esquivar un problema central: la existencia o inexistencia del presente. Si el pasado se fue y el futuro no llegó todavía, es necesario un presente para que ambos tengan dónde irse, adónde llegar. Y, en principio, tenemos la sensación de que ese presente existe pero, como Agustín, no sabemos cómo definirlo. ¿Qué sería presente: este instante en que tipeo la i de instante que ya pasó cuando tipeo la e de en, que ya pasó cuando tipeo la te de tipeo, y así y así? El presente podría durar un mes, un día, una hora, un minuto, un segundo: para ser estrictos, se lo podría dividir en unidades cada vez más pequeñas -y siempre habrá una menor- y postular que es una partícula ínfina acorralada entre la última partícula del pasado y la primera del futuro y que sí, existe, pero es imperceptible. El presente, el único tiempo real, actual, no tiene duración palpable, o sea: es inasible, en términos de tiempo.
- Tiempo al tiempo, Caparrós. Quizás todavía no le llegó el tiempo de entender.
Para colmo, medirlo es un problema. Ahora, tras milenios de versiones muy distintas, creemos que su medida natural son los segundos, minutos, horas, días, semanas que aparentemente lo regulan. Nos olvidamos muy a menudo que ésa es una convención que podría cambiar en cualquier momento -que, de hecho, tardó muchísimo tiempo en definirse. Y algunos de esos desacuerdos sobreviven: como por ejemplo en esa discusión que no sabía si el año 2000 era el final de un siglo y un milenio o el principio de otros. Después, hacia fines del 2000 todos simulamos que el siglo y el milenio se terminaban recién entonces y no en el 1999: eso nos dio otra chance de bañarnos en el mismo río -de sidra o de champaña. Pero éstas son minucias frente al tiempo como enemigo incontenible.
- Puesto que mil años son a tus ojos como el día de ayer cuando ya no es.
Decía un salmo bíblico, y le contestaba el poeta italiano Quasimodo:
- Cada cual está solo en la tierra,/ herido por un rayo de sol. / Y de pronto la noche.
En general, el tiempo es melancolía: la constatación de que todo se pasa, arena entre los dedos. Salvo las épocas que se defienden de la morriña básica y tratan de convertir su tiempo en teleología: en la espera y esperanza de lo que vendrá, la presunción de un tiempo mejor que está llegando.
(...)

Bingo!, cien panfletos contra la realidad; Martín Caparrós.




Un juego de tres, de a tres.
Un 3 de septiembre.
El primero es error.
El segundo, experiencia.
El tercero es masoquismo.
Qué distintas serían las discordias sin terceros.
Cuán distintas nuestras noches sin su recuerdo.
La tercera es la vencida.
Después de una segunda oportunidad, sólo queda la resignación.
Ya no es tiempo de tríos indecentes.
Otro día en el paraíso.
Dos días en la vida nunca vienen nada mal.
Tres, no son posibles.
Su imágen hasta en tercera dimensión.
Y aquel verano con madrugadas tricolor.
Pasado, presente, futuro.
Pasado pasado pasado.
Quizás algún día los Tres Mosqueteros logren salvar el mundo.
Chocar tan bruscamente con la realidad que sabés que existe, pero que, inconcientemente, buscás cambiar.
Tres segundos son suficientes para destruir nuestro castillo de cristal.
Tres deseos que jamás van a cumplirse.
Té para tres.

Ella, vos y yo.
Lo sé, lo sabés y lo sabe.
Sólo que ya no tengo espacio para los tres.