Voy a enamorarte, llevarte al grado máximo de la locura.
Voy a admirarte y envidiarte sanamente, cuando tus palabras se desparramen, se inmortalicen, en maravillosas melodías y sean capaces de representar mis sueños un un par de estrofas mágicas.
Voy a recorrerte, a observarte en toda curva y pasadizo, los contrastantes sube y baja de la lujuria.
Voy a escabullirme y desplomarme en tu cama, y la mía, y el rincón que prefieras.
Voy a escucharte cuando necesites gritar, y alzaré mis protestas junto a ti.
Voy a entenderte en todo silencio que quieras guardar; me bastará mirarte para descifrar lo que temes pronunciar.
Creeme que sufriré contigo cada error y cada duda, odiaré tanto como tú tu orgullo empedernido y me arrepentiré, también, de los miedos cobardes.
Te acompañaré a donde no puedes llegar, y buscaremos la salida posible contra esos muros de metal.
Voy a robarte pesadillas y te regalaré esperanzas.
Voy a probar mil maneras hasta hallar la forma perfecta para hacerte perder en el deseo, arma pura de la pasión.
Voy a verte dormir, y cuidarte de cualquier dolor que se atreva a rozar tu llanto.
Seré la última te diga "hasta un nuevo amanecer" y quien te coma a besos al comenzar el día.
Te confiaré hasta mi secreto más íntimo, serás dueño y actor principal de cada uno de mis recuerdos.
Representarás contradictoria pero encantadoramente mi símbolo de paz y rebeldía. En tus brazos me acurrucaré buscando calor y protección. Más con tu boca cumpliré una a una mis fantasías. Y las tuyas, como desees.
Pregonaré por doquier que tus pasos son mi guía, y tu futuro, mi destino.
Serás el mejor trofeo en mi colección de logros cumplidos; mi máquina vital cuando las fuerzas escaseen y las ganas hullan despavoridas.
Poseedor único de mi ser, en todo sentido.
Y sé que voy a dedicarte infinitos versos, fuente de inspiración y tristeza varia.
Te estaré esperando, hombre de sangre azul.
Quién sabe si algún día los príncipes inventados abandonan la adorada cajita de papel.