martes, agosto 21, 2007

vagando entre el sosiego y la preocupación

con los años un poco ya gastados
con las ganas bastante más tranquilas
sin aquella locura desmedida
ni alteraciones repentinas
con la calma suficiente
acostumbrada, finalmente,
a las charlas imprevistas en noches aburridas
con el deseo significativamente menos impaciente
que, en otros tiempos de adolescencia quinceañera, sólo buscaba tu compañía
familiarizada ya con tu ausencia mitad verdad mitad mentira
desprovista ahora de aquel miedo a perderte en algún laberinto indescifrable
prevenida ante tus súbitas propuestas
de encuentros indecentes,
tu juego tan seductor y característico
de amarnos por un rato
dispuesta, sin otra inquietud,
a disfrutar el encanto de compartir con vos
una conversación algo especial, un tanto extraña y, por qué no, hasta peligrosa
teniendo en cuenta que, a veces, el olvido se equivoca
y que es preferible mantener dormidos algunos desafíos insinuantes
reconozco, sin embargo,
que las heridas, a pesar de cicatrizadas, dejan marcas imborrables
y que caer nuevamente en tu trampa hipnotizante
sería cometer un error imperdonable
pero...
a menudo pienso
(quizás sin querer, acaso a propósito)
lo maravilloso que sería
amanecer a tu lado una vez más