Y de repente, todo pasa
y sólo queda un suspiro para rememorar
aquellas noches de caricias inacabables.
Matar la ternura no es imposible.
Pero, repentinamente,
tropiezo una vez más con tu presencia en mi vida,
olvidando que el tiempo corre para los dos,
omitiendo toda remota desesperación
que tu abandono provoca.
Contínua contradicción
entre volver y desaparecer definitivamente.
Insistente dicotomía
entre perdernos y encontrarnos.
Paradoja lamentable
que lucha por amarte
y dejarte ir.