jueves, octubre 04, 2007

no todos tenemos primaveras

Voy a buscarte en cada melodía,
en toda primavera robada,
en alguna tarde enloquecida
y en tantas noches emborrachadas.
En cada verso que no pudiste dedicarme,
y en todos aquellos donde lo hiciste con rabia,
en las palabras que no dijimos nunca,
en los besos que matamos antes de que nacieran.
Porque mil camas extrañas no alcanzan para asimilar
ni una de tus caricias,
porque ningún beso podrá equiparar
lo que en tus brazos sentía.
¿Qué tan desafortunadamente cuerdos estábamos cuando decidimos destruir nuestras ganas de hundirnos en la locura de creernos invencibles?
Puedo quedarme aferrada a los momentos de magia desparramada en todas las miradas que nos permitían escapar de tanta soledad, cuando no existían encantos ajenos que se interpusieran en nuestra seguridad.
Sin embargo, de nada sirve sobrevivir mediante el consuelo inútil y abstracto de una ilusión disecada. Siempre llega la hora de abrir los ojos y encontrarte perdido en su belleza, que hacía tiempo venía acechándote.
Lo que se muere no puede renacer sin el peso de las cicatrices. Aceptar la vuelta es, también, un modo de resignar el recuerdo (quizás, el más cobarde).
No cuento mis dedos desnudos, por no acordarme de vos.
¿Cuán idiotas podemos llegar a ser? ¿Cuán crueles y pávidos?
¿Cuán, cuán feliz podría hacerte?
¿Cuánta felicidad podrías perder a mi lado?
Las segundas oportunidades no bastan para cumplir los sueños pasados.
Estamos condenados a convivir con sus fantasmas y, todavía, al cruzarnos con tales figuras, no podemos estar seguros de que realmente sean sólo sombras.
Y todas esas lágrimas de desamor no sirven de nada cuando su perturbador encanto me quita de tu vida.
Somos tres en la misma cama.
Eran los tiempos de la primavera, dejaste tu sonrisa en ella, y eso es verdad.
Sí.Todo muere mientras te veo en sus brazos.
Pero, estoy convencida de que no tenemos que lamentarnos por los efectos fugaces, deberíamos tratar de disfrutar este rocanrol idiota que nos identifica y nos mantiene vivos.
Yo no jugaba para no perder, tú hacías trampas para no ganar.
Yo no rezaba para no creer, tú no besabas para no soñar.
Ya nada es lo mismo, cuando una ilusión se desvanece y, junto con ella, se esfuma es deseo de tenerte conmigo.
Tus ojos no miran mi camino. Mis pasos no pueden seguirte.
Ahora sí que puedo llamarnos idiotas.
Ahora sé en qué duda abandonaste mis besos.