Ojalá una mirada te haga entender que ya el tiempo nos queda chico. No te estoy esperando en cualquier sitio como antes, ni quiero tenerte entre mis brazos como aquella noche de verano. Ahora las caricias pertenecen al presente y no están dispuestas a abrigar un pasado imperfecto. No hay melodías que no intenten recordar, pero están demasiado testarudos los oídos que se niegan a escuchar. Todavía quedan escondidas misteriosas palabras dulces capaces de doler, pero serán liberadas en otra vida, o no lo serán. No es tiempo de jugar y perseguir ilusiones mínimas, pequeñas estrellas que buscan brillar. Ahora quiero correr tras deseos que puedan hacerme soñar de nuevo. Y a pesar de que los celos y añejos sentimientos son fuertes y perseverantes y, que los cadáveres de noches de pasión pretendan seguir lastimando, aún me quedas ganas de intentarlo. Llegó ese momento que en tantas oportunidades idealizé: hoy cierro esta puerta, me deshago de la llave, te despido cordialmente y empiezo a renacer.
El punto final, ahora sí, no acepta ningún punto suspensivo.
La página se dio vuelta frente a un nuevo amanecer.
.