I
Sabés bien que te espero desde antes que decidieras partir
desde el momento exacto en que dijiste "tal vez, en otro sitio"
Te espero como una madre espera a su hijo en la oscuridad de la casa
sorda de gritos y silencios
Te espero como un perro desvalido y siniestro sin mano que lamer
Te espero incendiado en el recuerdo de nuestras perverciones
acusado por ellas
solo
Te espero con la certeza de lo imposible
acunando mi sexo
Te espero desvirtuado
eyaculando al aire por tu boca en sueños
Con sed de siglos
a destiempo
feliz en el dolor
Te espero apasionado de esperar
enamorado del amor que me destruye.
II
Necesito la transgreción de tu voz sobre la almohada
de asco de tu madre y los amigos
tus mano en mis nalgas necesito
el escándalo de tu cuerpo arriba de la mesa
el miedo compartido necesito compañera putita
tu forma de arrastrarte y succionarme
necesito el olor de tu piel y los insultos
tu cuello a desgarrar flácido hueso
necesito el sabor de tu nervio tensado
la blanda herida que ocultas
necesito tu amor tu porquería
la tierna necedad
la muerte que me debes.
III
Niego tu voz tu cuerpo tu lenguaje
te niego sobre la negación de mis propios despojos
como ese viejo ciego sobervio equivocado
que rechaza los brazos
no voy a renunciar al sabor extenuante de tu boca
ni a la fugacidad de tu mano cegadora
no dejaré que empujes mi espalda hacia el olvido
me quedaré a morir junto a tu orilla
en el naufragio circular de tu cintura
te niego en la afirmación honesta
y temerosa de mi sangre
y como Pedro espero alborozado
el lentísimo cantar del tercer gallo
te niego
no existe nombre que pueda arrancarme de tu ojos.
Reynaldo Sietecase.