Me gustás, y los siete años que me sacás me gustan más.
Me gustás, y te casaste, y eso era cautivador, pero ahora, separado, sos aún más interesante.
Me gustás, y tenés una nena hermosa,y yo podría ayudarte a criarla, a disfrutarla, a amarla ( y adoro a los nenes chiquitos, bañarlos, jugarles, abrazarlos, llevarlos a la plaza, y que se rían con vos y conmigo, revolcarnos los tres en el pasto, y presentarles a mi perro; y cuántas salidas juntos quiero que hagamos).
Y no me importan lo que puedan decir de tu edad, tus años te dan la madurez y la experiencia que tanto me atraen de vos.
Y no me importa, tampoco, que ya estén formadas tus ideas, tengas planeada tu vida, tu trabajo sea perfecto y tus estudios avancen día a día. Sé que vas a enseñarme mil maravillas, y creeme que voy a hacer lo imposible para conquistarte con alguno de mis pequeños sueños. Volveremos a volar juntos.
Y me gustás más y más. Y tus brazos me hacen sentir segura, y tus ojos convincentes me hacen ver más allá.
Y me gustás más y más. Y esta locura crede a cada instante, mientra vos te dedicás a atraparme con tu magia.
¿Y cuál será el límite que marca la división entre el encanto y el cariño?
¿Miedo? Me preguntás si no tengo miedo.
Sí, si tengo. Pero tengo más ganas que miedo.
Y sabés cuánto me seducen los desafíos.
Asique te desafío, y me desafío.
Me desafío a gustarte y te desafío a ganarte.
Vivir (sobre-vivir) esta realidad que nos agobia, mientras nos refugiamos en nuestra burbuja de poemas y hadas, de sueños y locuras inspiradas.