domingo, abril 22, 2007

seguir.

Perdida en cada beso investido de intensa ternura y en esas noches de dulzura desmedida, cuando el tiempo no jugaba con nosotros, y los amaneceres creían ser eternos.
Encarcelada, condenada al desamparo de la soledad, que se precipita ante mí ansiosa, tal tirano divino ante su gloria.
Riendo absurdamente, maquillando un sentimiento temeroso a equivocarse, escondiendo el deseo de llorar, me encuentro, a veces, y no me reconozco.
Dudas inseguras que estallan por doquier, pinchan y lastiman apresuradas, descontroladamente, locas por doler, desesperadas por ganar.
Estático el corazón, desangrado. Imposible despertarlo de tan profunda murte sustancial (no es momento).
Rendirme ahora es la solución más prudente. Perdedora sensata, consciente.
Te dejo huir con el viento para salvarme y salvarte. Que la magia que ya no brilla pueda recuperar, en algún otro otoño, su luz enceguecedora (jóvenes corazones peregrinos dispuestos al azar del destino, sin otra razón que la de amar con locura).
Estaré con vos donde quieras que estés, a pesar de la indestructible distancia emocional que separa los abrazos y caricias, cuando la tristeza te marchite el alma y sientas ganas de recordar(nos).





perderte no es ya tan extraño.
extrañarte no me es desconocido.


seguir viviendo.





(cada señal, alguna inicial, todo supiro, un sentimiento, perdido)