.cuando te rompen el corazón, ya no queda nada por romper.
Las dudas vuelven a apropiarse de cada rincón, para recordarme que queda por sufrir. Se entrelazan y mezclan, se persiguen unas a otras, se relacionan y separan, confabulan, juegan, planean su partida. Se multiplican a cada instante, por cada palabra que leo y cada caricia que no sé si es mía o del viento.
Y se me hace imposible no dejarme llevar por el morboso deseo de dudar de todo beso, de dudarte conmigo. Es casi necesario tener que cargar nuevamente con la mochila de la duda sobre mis hombros.
¿Y cómo saber que no me estoy equivocando? ¿Cómo creerle a mis sueños tu presencia después de tanta ausencia en la realidad?
Ahora entiendo a aquellas personas que tan persistentemente me decián que el miedo a veces es un enemigo letal, pero otras, una útil herramienta para prevenir el dolor.
¿Cerrar las puertas? ¿Jugar con fuego? ¿Vencer heridas? ¿Matar el sueño?
Deseo de reducir todo a los momentos de felicidad. Pero conociendo a la perfección que no puede ser así.
¿Cómo no dudar de tus abrazos?
¿Cómo vencer ese sentimiento intolerable de imaginar que estás pensando en ella cuando estás conmigo?
Mil y una preguntas.
Ninguna respuesta.
Matemos la duda con indiferencia. ¿Será?
Y sé que la mayoría son delirios ordinarios que realmente no me importan. Pero hay momentos en que la impotencia y la incertidumbre se complementa para abrirle paso a la tristeza. Y no quiero más de ese trago amargo e hiriente.
Pero, ¿cómo frenar tan insaciable sed?
Acción! A ver... entender que para que afecte a terceros, la voluntad debe exteriorizarse materialmente a través de un acto del individuo. Sino, sólo queda reservada a Dios y a su conciencia. El problema de la Teoría del Acto es que no entiende de sentimientos. (Lógico, es Derecho, no Letras).
Y, además, cuando anteriormente ya se llevó a cabo el acto, ¿cómo no pensar en una segunda repetición?
Todo cuenta, todo afecta.
Todo y nada.
Nada importa.
Ya no más.
Borrarlo de la cabeza.
Extracción inmediata y directa.
Y fin de la cuestión.
Las dudas vuelven a apropiarse de cada rincón, para recordarme que queda por sufrir. Se entrelazan y mezclan, se persiguen unas a otras, se relacionan y separan, confabulan, juegan, planean su partida. Se multiplican a cada instante, por cada palabra que leo y cada caricia que no sé si es mía o del viento.
Y se me hace imposible no dejarme llevar por el morboso deseo de dudar de todo beso, de dudarte conmigo. Es casi necesario tener que cargar nuevamente con la mochila de la duda sobre mis hombros.
¿Y cómo saber que no me estoy equivocando? ¿Cómo creerle a mis sueños tu presencia después de tanta ausencia en la realidad?
Ahora entiendo a aquellas personas que tan persistentemente me decián que el miedo a veces es un enemigo letal, pero otras, una útil herramienta para prevenir el dolor.
¿Cerrar las puertas? ¿Jugar con fuego? ¿Vencer heridas? ¿Matar el sueño?
Deseo de reducir todo a los momentos de felicidad. Pero conociendo a la perfección que no puede ser así.
¿Cómo no dudar de tus abrazos?
¿Cómo vencer ese sentimiento intolerable de imaginar que estás pensando en ella cuando estás conmigo?
Mil y una preguntas.
Ninguna respuesta.
Matemos la duda con indiferencia. ¿Será?
Y sé que la mayoría son delirios ordinarios que realmente no me importan. Pero hay momentos en que la impotencia y la incertidumbre se complementa para abrirle paso a la tristeza. Y no quiero más de ese trago amargo e hiriente.
Pero, ¿cómo frenar tan insaciable sed?
Acción! A ver... entender que para que afecte a terceros, la voluntad debe exteriorizarse materialmente a través de un acto del individuo. Sino, sólo queda reservada a Dios y a su conciencia. El problema de la Teoría del Acto es que no entiende de sentimientos. (Lógico, es Derecho, no Letras).
Y, además, cuando anteriormente ya se llevó a cabo el acto, ¿cómo no pensar en una segunda repetición?
Todo cuenta, todo afecta.
Todo y nada.
Nada importa.
Ya no más.
Borrarlo de la cabeza.
Extracción inmediata y directa.
Y fin de la cuestión.
.enamorarse de la duda.
¡¿qué más da, qué más da?!