viernes, junio 06, 2008

auto.

por cada caricia ajena
el deseo de alguien más
la impotencia misma de no querer abrir los ojos
por sentirme egoísta cuando "la amistad vale más que cualquier amor"
esa desgarradora indiferencia
y la angustia desconsolada de tenerte y no
por la inacción constante cuando era evidente el dolor
aquellas idas y vueltas
terminar dudando sobre a quien le pertenecía el papel de esclavo
la bronca de haber ahogado tantos gritos internos rogando claridad
por no saber cargar las armas una vez declarada la guerra
(más aún, por no disparar conociendo la manera)
permitir que sus huellas devastaran mis rincones
y hundir con más fuerzas sus gloriosas espinas
concederle al silencio el poder en los momentos de estallar
por regalarle mis sueños y pesadillas
y proporcionarle el dominio absoluto sobre mi orgullo
creer en la inexistente esperanza de que todo aquello era nada
darle paso a las ingenuas ilusiones escondiendo, bajo heridas todavía latentes, la verdad
la espera absurda de un cambio de actitud, un acto de demostración
por esos versos alertando atención a quien no quería ver
dejar que el tiempo pasara sin computarle los tarde e intereses
(que lástima no conocer los efectos de la acción subrogatoria en ese entonces)
consentir que las horas, y los días, y los meses se acumularan en el cajón de casos perdidos
aceptar la derrota, volver sin deber hacerlo y seguir cayendo en la trampa del campo minado
buscar recuperar los labios que preferían otros besos
por dejar que todo pase
y no ponerle al fin, un punto final.

te odio, espejo.
te odio tanto.