las dudas se apoderan de mis pensamientos
ocupando todos los rincones,
apoderándose de mis planes a futuro.
Y entonces, cuando no logro distinguir qué camino quiero seguir,
tu recuerdo invade mis sentidos,
tus ojos, tus labios, usurpan mis sueños,
ansío que tus manos me acaricien dulcemente,
recorran de a poco todos mi recovecos,
que tu cuerpo sienta el calor de mi piel desnuda
y tu boca no deje de susurrar cuánto me deseas.
Lentamente me voy perdiendo en aquel paraíso encantado
que, en embriagadas madrugadas, supimos descubrir.
Y puedo liberarme de toda inseguridad,
de todo temor que crea que no es a mí a quien quieres a tu lado,
me considero dueña de tus anhelos
y te confío el dominio de mi persona.
Y no hay terceros, culpas, cobardías ni errores
que se atrevan a opacar tanta felicidad.
En ese momento, somos inmortales, únicos.
Nuestro amor es eterno.
Sin embargo, nos esfumamos de repente,
y toda la magia desaparece cuando enfrento la realidad.
Mi cama está fría,
la falta de arrugas en las sábanas son prueba de tu ausencia.
Me abandonaste algún verano.
Y aún te tengo...
y no.
Y aún te tengo, y no.