
Misterios de colores, de diversos amores, distintas pasiones; perfumes inolvidables, momentos impregnados en la memoria, recuerdos. Caen lentamente, son expulsados con fuerzas inexplicables, con ansias de borrarlos definitivamente y, a la vez, de que sean, nuevamente, parte del presente.
Y tu rostro se apodera de mi mundo abstracto, donde todo es perfecto y donde los límites los impongo yo. Pero no tenés piedad y aquí, en mi mundo, también te crees dueño de mi felicidad. Y la destruís, la hacés trizas y la dejas caer, sin pena ni lástima.
Y te arranco de ese rincón que sólo yo conozco y te traslado a ese pequeño gran agujero negro, lleno de miedos, orgullo, capichos y mentiras. Y te desafío, apuesto lo que es y lo que será, todo lo que fue que tanto quiero.
Y te dejo ganar... en este sueño, como en el de ayer, como en el de mañana.
Sólo vos sos capaz de comprender lo que significa esta victoria.
Sólo vos sos consciente del daño y las heridas.
Pero, sólo vos podés curarlas... o hundirlas.
Porque te pertenezco, en esta vida y en la otra.
En este juego, y en el eterno.
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