Comparte conmigo el error
de confundirnos,
el deseo de equivocarnos,
el sabor de lo prohíbido
y el dolor de lo imposible.
Ríe conmigo el placer
de hundirnos en este mar de dudas,
lo hipotético (patético) de la derrota,
todas esas lágrimas derrochadas sin sentido.
Sigue la partida de nuestro juego morboso;
de pensarnos y olvidarnos,
de odiarnos y querernos,
de matarnos y revivirnos.
Recuerda cada una de estas palabras
cuando ya no tengamos cómo encontrarnos,
cuando ya no quede amor alguno
que dilapidar.
Y sufrir juntos cuando la cómoda rutina de lo cuasi perfecto
nos arrebate este sueño que nos pertenece
para arrojarnos a la cruda realidad
de no poseernos.