miércoles, mayo 30, 2007

sin

Perdida entre las pérdidas olvidadas en el mezquino olvido prudente. Buscando, desesperadamente, madrugadas alborotadas por besos apasionados y cariño incondicional, para armar una maqueta (algún esquema imperfecto) del tiempo pasado, que permita explicar el por qué de su huída fugaz. Miles de absurdas razones hacen fila para ocultar sentimientos y maquillar un par de inútiles pretextos que puedan alejarme de tu piel. Miles, también, son los tequilas que se pelean constantemente por emborrachar el alma, quemando toda herida que te pertenezca. ¿Acaso es posible odiar la magia que desprende la primavera? ¿Será, acaso, posible no odiarla cuando se presenta tan altiva y radiante, dueña absoluta de tu locura y deseo, despojando al invierno de sus más preciados recuerdos? Seguir buscando mariposas en lugares equivocados. ¿Cuándo aprenderé a distinguir el dominio de los suspiros? Hay una fantasía detrás del espejo. Hay una mirada que aún te mira perpleja. Sin embargo, es la utopía de amarte la que ahora se ha apoderado de esta difusa realidad; utopía que entiende de tu ausencia. Ya ni siquiera son las ganas las que se aferran a no perderte. Empieza a prevalecer el amor que no te puedo tener, el mismo que dejaste dormido en alguna cama cualquiera, en algún beso robado, en algún jardín encantado. ¿Cómo tenerte en mis sueños si alguien te sueña primero? Prefiero quedarme con lo que no sabés. Estas palabras se dispersan entre tantos ángeles alborozados que buscan congraciarse en secreto. Mientras tu esperada primavera continúa floreciendo, los ecos de infinitos "te quiero" se esfuman en desajustados coros, las sombras, que en algún momento se tocaban sin permiso, finalmente, se despiden. Prefiero quedarme con lo que no sabés. Por lo menos hasta que otro crudo invierno se atreva a desafiar a tu recuerdo.