Perderte en un instante.
Ahogarse en el mar de la melancolía.
Revolcarse en el absurdo sufrimiento de lo inevitable.
Comprender que el tiempo corre sin necesidad, y que eso no tenga sentido.
Aparecer y desaparecer cada recuerdo que te pertenece. O te pertenecía.
Duele el vacío correspondiente a tu ausencia, sentir morir cada una de las ganas de tenerte en todo momento.
Vagabundas, errantes, idas, las miradas se cruzan con otras mil y, sin embargo, ya no entienden qué es lo que buscan, qué es lo que no encuentran.
Caer desesperada en la contradictoria agonía de quererte y no, de pensarte y no, de olvidarte y no. Curar o profundizar las heridas de tu paso.
Recurrir a la indiferencia, a las múltiples personalidades inventadas que se desentienden del dolor, a las mentirosas risas que embellezen la tristeza, a esos brazos errantes que alivian desconsuelos.
Desvanecer, morir/revivir de a poco en besos ajenos que aún te recuerdan, pero ya no te quieren de nuevo.
.Perderte en un instante y que ese instante sea eterno.