sábado, mayo 26, 2007

a-típico.

Qué te falta corazón?


Miles de devastadoras imágenes se apoderan
de las miradas perdidas.
Desiertos y espacios encantados pujan por el protagonismo
de esta serie morbosa,
de esta destrucción crónica del alma.
Las espinas de gritos encadenados,
las llagas de besos torturados,
y las cicatrices de lágrimas deshidratadas,
mortifican cada vez más
a las ya moribundas ganas
de perderme en tus brazos.
Esta maldita contradicción
de vital indiferencia y triunfante desconsuelo.
Temer que el pronóstico anticipe tu ausencia.
Y no tener ya una excusa
para poder ganarle a las flores del crudo verano;
no tener un perdón capaz de hecho de cerrar las heridas
que dicho verano abrió.
Constantemente la inseguridad y
su contracara
se disputan los premios del crucial desenlace.
Sin embargo, la primera, cuenta con una carta fundamental
oculta debajo de su maquillaje:
la impotencia,
aliada indispensable para semejante batalla.
Ser consciente de la inimputabilidad irrevocable de esta importante figura,
no hallar error alguno que pruebe la culpabilidad
de tan envidiable dulzura, de tan maravilloso encanto.
Entender que es el destino (o azar) el único sujeto activo de este acto destructor de alegrías;
que en la vida se gana y se pierde,
y que el juego atraviesa su punto final.
Y saber que todas estas palabras
son tan inútiles como el amor acumulado,
porque no vas a entenderlas,
porque no vas a sentirlas,
porque no van a importarte.
Dejarle libre el camino a la gloriosa primavera,
dueña, ahora, de tus locuras, risas y rayes;
enterrar el sueño vencido
que creía en la felicidad absoluta y el instante enterno
cada vez que susurrabas un "te quiero".
Sufrir, llorar, sangrar y morir cuanto sea necesario
hasta que llegue una nueva mirada peregrina
con la posibilidad de revivirnos.
Porque, como me han dicho,
"el amor nunca muere, sólo cambia de lugar".
Olvidar,
cubrir de polvo
todas esas caricias inigualables pero ya inexistentes,
borrar de la memoria
cada una de las palabras prometedoras pero imperfectas,
no volver a desear
aquellos besos y abrazos únicos e incomparables pero, ahora, inalcanzables.


Qué te falta corazón?

ese corazón análogo capaz de amar desesperadamente.


Te sobran un sin fin de dudas absurdas,
tristeza injustificable,
y agujeros que llevan tu nombre.