jueves, febrero 16, 2006

.Juego.

Un tablero. Dos bandos. Dos metas y un solo ganador. El tiempo? La vida. Y comienzan a mover sus fichas, empiezan la batalla. Ambos saben cómo deben jugar. También saben cómo reaccionar. Se dejan atrapar por ese mundo abstracto y creen que la realidad que los rodea se desvanece a medida que van corriendo los minutos. Y juegan. Son piezas que pelean apasionadamente, pensando, analizando cada movimiento, calculando todo tipo de estretegias sin desviarse de sus propósitos. Se lastiman, se divierten, se hieren y hasta se ayudan a levantarse. Se cruzan sus intensiones y se permiten un descanso. Pero, al poco tiempo, están listo para recomenzar. Y son amantes, enemigos, pelean juntos y se dividen. Seres insaciables que no conocen el sabor de lo perdido. O, al contrario, lo conocen en profundidad. Almas que adoran lo prohibido, imposible, indefinido. Ese incomparable desafío que incita la partida. Y se esfuman en ese punto preciso, y reviven. Y se gustan, se encantan. Y se odian. Se detestan. Se dan cuenta que se aproxima el final, que están cerca de cumplir sus deseos. Están ahí, cara a cara. Dos piezas enfrentadas en un mismo camino. Se miran, se observan, se exploran, sin tocarse; se quieren, sin saberlo.
Y se destruyen mutuamente.
Y termina el juego.

Dos figuras, buenos jugadores. La ignorancia, el orgullo y el miedo.
Dos figuras y un juego.

... Y un final.

1 comentario:

Lёl dijo...

amor se llama el juego en el que un par de ciegos juegan a hacerse daño..
el resto es un triste final.
no me gustan,
ni un poco.