martes, febrero 14, 2006

.Silencios.

Y me encuentro aquí, escribiendo frases sin sentido, dejando que las letras se apriosionen unas a otras y se conviertan en palabras, estas palabras que se van enredando en el papel. Tal vez si llegaras a leerlas, algún día entenderías el por qué.
Silencios que no tienen cuidado, destruyen, lastiman, agobian. Se apoderan del tiempo, de adueñan del sueño, arrebatan al ser que entre lágrimas y súplicas espera sentada, inmóvil, frente a la gran máquina que se niega a sonar.
Y recuerda aquella noche que tanto la atormenta, y que la hizo la persona más feliz que anda antes. Caían las gotas golpeando fuerte la ventata, el cielo se había atrevido a llorar. El sol intentaba anunciar el nuevo día, pero una profunda oscuridad no permitía su visualización completa. Ellos deseaban que no amaneciera, sabían que significaría que era el momento de partir.
Se miraban, se besaban, se abrazaban, tratando de mentirle a los sentimientos, tal vez, para creerse menos culpables, tal vez, para que no doliera tanto.
¿Cuánto placer cabe en una noche?
¿Cuánta culpa hace desaparecer el vodka?
¿Cuántas veces habían esperado que pasara?
Pero, como siempre, todo termina al ponerse el día. No sería ésta la excepción, aunque ambos querían lo contrario.
¿Cómo no llorar? ¿Cómo no sufrir? ¿Cómo no esperar?
¿Cuántas millones de veces se puede recordar?
¡Cuantas otras debieramos olvidar!
"Siempre llueve cuando pasan cosas importantes."
Hace días que el cielo no llora. Hace meses que en mi alma no deja de llover...
¿Cuántos te quieros me puedo callar?
¿Cuántas caricias me puedo guardar?
¿Cuántas miradas puedo esconder?

Y es el silencio el que, nuevamente, llama a la puerta...

Y entra, con y sin permiso a la vez.

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