martes, febrero 14, 2006

.Noche de lluvia.

Debía invitarlo a tomar un café. Tenían que sentarse y charlar un rato. Los dos se merecían una conversación después de lo sucedido. Tomó coraje y agarró el celular. Índice telefónico: llamar.
"A las ocho en Callao y Corrientes"; "Bien, ahí estaré esperando".
Y se vieron, se encontraron como lo habían programado.
Una particularidad que a los dos les llamó la atención: llovía.
Se acercaron, se saludaron con un beso en la mejilla, e intentaron no tentanse, pero no pudieron evitar reirse. "¿Viste? Está lloviendo!". "Lo noté, nos estamos mojando."
Y entraron al bar a tomar ese café tan esperado.
Pasaron unas horas. Palabras serias, risas, silencios, miradas, un apretón de manos, un fracasado acercamiento, caras sonrojadas. En fin, una charla de dos personas que conocían algo más que los demás. Recuerdos, anécdotas, retos, perdones, sentimientos, chistes, culpas, canciones, insultos... Y pasaban las horas.
Un pronunciado silencio les hizo escuchar cómo diluviaba fuera del bar. Se miraron, sonrieron, pidieron la cuenta, pagaron y se fueron, corriendo. De la mano, caminaron largo rato bajo la lluvia...el reloj no corría para ellos. Y querían hacer de ese momento, un recuerdo eterno. Ambos sabían porque. Estaban tan felicies así.
Llegó la hora de la despedida, era tarde y debían volver a casa. Y se despidieron, a su manera. Y cada uno se fue por su lado... Reían.
"Que chica, no terminó su café. Bueno, al fin y al cabo yo tampoco lo tomé. Nunca me gustó el café".
Dos tazas de café que quedaron servidas en la mesa de un bar de la calle Corrientes. Dos seres intentando hallar su camino.

"La lluvia es una cortina más entre dos seres que no tuvieron por qué encontrarse."
Que casualidad! Esa noche llovía...

No hay comentarios.: