Me doy vuelta, me paro y me detengo a observarte. No puedo creer que te tengo en mi cama. No encuentro una explicación que justifique hasta donde hemos llegado. Pero es así, todo llega y todo pasa. Y te pediría que te quedes aquí, inmóvil, desnudo, bajo mis sábanas, que duermas conmigo, los dos juntos, que me aropes cuando me destape, que me acaricies el pelo cuando me veas dormir, que me toques la espalda para concilar el sueño, que te metas en ellos, te adueñes de su control y te hundas en su poder para que nunca deje de soñarte.
Me gustaría que amaneciéramos juntos, con el suave susurro del viento por la mañana, que abriéramos las ventanas y dejáramos que la brisa entre a mi habitación y nos refresque nuestros cuerpos, que me beses y me digas "buenos días"... Ver tus ojos bañados en lagañas, tu pelo revuelto, que me veas sin maquillaje y despeinada. Desearía tantoquien te prepare el desayuno y llevártelo a la cama, y que tomáramos el café juntos, reirnos, jugar, besarnos.
Como quisiera que pasaras la noche entera conmigo y que luego te quedaras a dormir... Pero vete, anda, es tarde, está amaneciendo y ella puede empezar a sospechar que has estado en otra cama.
Te levantas, te vistes, te abro la puerta, te saludo y te dejo partir... y te vas, como siempre.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario