martes, septiembre 30, 2008

al espejo.

Te veo y no logro entender
cómo fue que permitiste que te hiciera tanto daño,
que jugara así con tus sentimientos,
intentando de mil maneras ponerlos a prueba para ver cuánto podían resistir,
sabiendo que con cada jugada te lastimaba más.
¿Con qué fuerzas enfrentaste su indecisión;
sus histeriqueos constantes, sus silencios, sus dudas, sus vueltas permanentes?
¿Dónde escondiste el orgullo cuando sus palabras y actos
no hacían más que demostrarte
que seguías estando en un segundo lugar?
Te leo y, realmente, no comprendo con qué armas luchaste
contra todo ese sufrimiento que, día a día, él se dedicó a profundizar.
¿Por qué no pusiste el punto final tan necesario en miles de oportunidades,
cuando las heridas ya no tenían por dónde sangrar?
¿Cómo aceptaste que te destruyera así,
sabiendo que ya la había elegido y que lo seguiría haciendo?
¿Por qué perdonaste tanto engaño, tanta mentira, durante tanto tiempo,
si él sabía que esa angustia mataría todo dentro de ti?
Te leo y no te reconozco.
No concibo que hayas dejado que te hiciera tanto mal.


Te veo y ya no sé qué pensar...
Sólo puedo llorar contigo.

Las dos sabemos que hay preguntas que jamás podremos responder.


que el amor no entiende de razones.