Más de un año lleno de mentiras. Bastante más.
Millones de recuerdos compartidos con una persona que nunca pudo mirarte a los ojos con completa sinceridad.
¿En cuántas oportunidades suplicaste la verdad?
¿Con cuánto llanto te resignaste a creer lo que sabías que no era cierto?
¿Por qué? ¿Por qué?
Incomparable dolor el que se padece al mirar atrás esperando encontrar momentos inolvidables y sólo hallar un pasado plagado de ilusiones falsas, de palabras fingidas, de sentimientos inventados.
Y te preguntas cómo pudo haber sido capaz de sobrellevar tanto engaño, cómo logró negarte mil y una vez la realidad cuando implorabas algo de honestidad.
Y fuiste tan ingenua, tan ciega. Creías que todavía había tiempo, que el arrepentimiento era cierto, que deseaba un acercamiento, que estaba lastimado y confundido, que no quería la separación. Qué equivocada estabas. Jamás se arrepintió, no quería regresar, no sentía absolutamente nada por vos, sólo pensaba en un nuevo futuro junto a ella. Y no tuvo el coraje de reconocerlo.
Es imposible aceptar que la persona que más amás, a la que confiaste absolutamente todo, con la que compartiste cosas únicas, sea sólo un fantasma, un espejismo.
Y pensar que intentaste superar tanto mal con tal de empezar de nuevo.
¿Cómo hacer para curar tantas heridas?
¿Qué hacer cuando tienes frente a vos la realidad misma?
¿A dónde enterrar las esperanzas de un futuro juntos, de un para siempre, el sueño de una familia hermosa, de una vida completa?
¿Qué se hace con tanto amor?
Hace más de un año creías haber encontrado la vida.
Y hoy la pierdes,
y nunca la tuviste.
Y todo siempre fue mentira.