
Corro, desesperada, por los pasajes del desconsuelo.
Intento ocultarme en algún rincón inútilmente esperanzado.
Busco una y mil maneras de refugiarme en breves espacios de pasión y ternura.
Pero, a pesar de todo esfuerzo que realice,
su imagen consigue hallar siempre mi escondite.
Deambulo perdida por este presente tan imperfecto,
cargando conmigo profundas cicatrices de desamor.
A veces me pregunto por qué duelen de este modo las heridas por demás sangradas,
por qué continúan cayendo lágrimas de un recuerdo ya seco,
qué es lo que hace que el miedo me atrape de nuevo.
Y aunque desee hacerla indiferente con la mentira de la ignorancia,
mi experiencia me responde:
su sombra sigue intacta en sus sueños,
por más que niegue su importancia al mirarte a los ojos.